Juan Carlos Ferrero fue recibido ayer como realmente se merecía en el pueblo que le vio nacer: la localidad valenciana de Onteniente. Nada más llegar a la ciudad se dispuso a iniciar su paseo triunfal por las principales calles de ésta. Juanqui  completó un recorrido que se inició en Daniel Gil, pasó por la calle Mayor y culminó en la Plaza Mayor, donde, sobre el capó del coche de su padre (que acabó abollado por las masas de gente que se agolpaban sobre él en Daniel Gil), vivió una experiencia inolvidable, tras ver que la plaza se hallaba llena a reventar, y oír como los allí presentes, entre gritos y aplausos, jaleaban: "Ferrero, Ferrero".

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A las 10:20 se producía la entrada del chico en la plaza, que, con una sonrisa de oreja a oreja, y la banda sonora de Star Wars como música de fondo, estuvo a punto de soltar alguna que otra lagrimita. Una vez hubo llegado a las puertas del ayuntamiento, bajaron del coche sus dos hermanas Ana y Laura, quienes no pudieron dejar de llorar hasta entrar en el edificio y su padre, que conducía el coche sobre el cual iba montado. Más tarde llegaron su abuela y su entrenador, Antonio Martínez Cascales, en el coche del último.

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Pero claro, no iba a acabar todo allí. Tras sendos discursos del Regidor d'Esports, y la alcaldesa, Lina Insa (que fue silbada antes de empezar a hablar por los incidentes ocurridos durante las fiestas locales del pueblo), y desde un balcón presidido por la pancarta que ya estuvo en Barcelona el día de la final y que rezaba Ontinyent amb Juanqui, el mosquito se dirigió a los congregados  lamentando no haber podido haber realizado el circuito a pie, y dedicó la copa a todos los allí presentes, y, como no a su madre. Tras esto la hermana menor volvió a romper en lágrimas de emoción, mientras que, como colofón, se disparaba un castillo de fuego artificiales, sobre un cartel de cohetes que decía "Benvingut, Juan Carlos.

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