Juan Carlos Ferrero fue capaz de hacer, con sólo 20 años, de lo que no fueron capaces de realizar ni Santana, Arilla, Gimeno, Orantes... Tras el último punto que culminó con un revés paralelo que vale todo una Davis, Ferrero se dejó caer sobre la pista del Palau Sant Jordi, mientras Duarte, Corretja, Costa y Balcells se abalanzaban sobre el chico de oro del tenis español, ese chico nacido en el barrio del Llombo, en Onteniente, ese chico que estaba siendo ovacionado por todo el Palau Sant Jordi.

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El partido empezó muy bien para Juan Carlos, que se llevó en 35 min el primer set por 6-2, un hecho que hizo sembrar el miedo de alguno forma, pues recordemos que Costa empezó con un 5-0 a su favor y acabó perdiendo el partido contra Lleyton. Bueno, pese a todo, la Davis estaba un poquito más cerca.

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La segunda manga estuvo mucho más igualada, el australiano empezó a resucitar y Ferrero tuvo sus primeros problemas. Lleyton llegó a forzar una muerte súbita muy igualada, que finalmente se decantó del lado español por 7-5.

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Hewitt no se desanimó al verse dos sets por detrás, y el cuarto set continuó con la igualdad como detonante. Un par de juegos tontos le costaron la tercera manga a un Juan Carlos que pareció confiarse después de haberse hecho con el segundo set. Hewitt ganaba el tercer parcial por 6-3.

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Y llegó el cuarto set. La igualdad era la dominante de este parcial hasta el 3-3. Entonces Juan Carlos logró un break que parecía definitivo, un break que le colocó con 5-3 y saque a su favor para llevarse el partido más importante de su vida. Pero la fortuna quiso que la copa se hiciese esperar un poco más, y así, Hewitt rompió cuando menos se esperaba el saque de Ferrero por 15-40, y sirvió para empatar el partido. En aquel momento todos teníamos la sensación de haber desaprovechado la mejor ocasión para ganar la Davis, pero Juanqui sabía que no estaba perdido y, primero, se colocó también con 15-40. Dos bolas de ensaladera. Y las dos las salvó Hewitt, y lo mismo hizo con la tercera, pero ya no pudo con la cuarta. El revés paralelo pasaba a Hewitt y otorgaba a España el trofeo tenístico más importante de su historia, después de 3 h y 36 min de lucha en el mejor partido del "ontinyentí".

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